La blandenguería y la complacencia o la ceguera política de la oposición, a pesar de tanto politi-comunicador de peso envuelto en su manejo o manipulación, parece ignorar, reglas precisas de la propaganda. Ni siquiera parecen dispuestos a aprender del Insano, tan dado a bautizar con prosa rimbombante, hasta el velorio de una cucaracha y repetirlo hasta lograr que, los propios cronistas de la oposición y los titulares de “nuestra” prensa, los hagan propios.
Es así como las muertes de Llaguno, los muertos de puente Llaguno, los muertos de la marcha a Miraflores o los muertos del 11-A, le han hecho el servicio al régimen de disipar el único nombre que describe ampliamente la sangrienta verdad de ese día:
LA MASACRE DE MIRAFLORES, es su nombre y en el mismo, lleva implícita su triste verdad. No solo porque es desde allí que se ordena disparar a la masa que se avecina. No solo porque los matadores cobran salario por su acción, precisamente de las arcas de Miraflores. No solo porque es Miraflores la autoridad que días más tarde les condecora por su cobarde acción. Si no que, muy especialmente es en Miraflores donde reside y manda el Asesino que imparte la orden.
El hecho mismo de que solo unos pocos nos refiramos a su Dictadura, con el dudoso mote de Régimen, indica lo lejos que estamos de consolidar algo.
Estos días han sido propicios para dar versiones de lo ocurrido. Qué tristeza me da, como testigo de excepción de buena parte de los hechos, el ver como a cada uno acomoda su historia. Cómo no hablar del pusilánime general que se encerró en su despacho durante toda la madrugada, del 12, costando muertes y saqueos, haciendo pucheros, porque no lo dejaban ser ministro de la defensa y que todavía se puede pasear por Caracas, gozando de lo que él sabe, es un pacto tácito con el Sátrapa. Con el traidor de los pobres.
Ver ahora, la incomodidad que causa, referirse a estas fechas, cuidando de limpiarle el asiento, al otro general traidor, que ahora es héroe de la oposición. Un cobarde de vocación, escondido detrás de buda pero con los collares de Negro Primero, que ahora dejan que lidere la oposición junto a la arribista de su comadre, la abuela de la morrocoya. Baste recordar cómo, para la penúltima morisqueta de elecciones, fueron convertidos prácticamente en, Miranda y Manuelita. O, M&M, como seguramente los presentaran en la próxima bailanda-tamborera, que organice el ex - gobernador para conmemorar los muertos de esta pesadilla de más de doce años. Una sangría moral, hija putativa de los últimos veinte años de “la cuarta” ahora apuntalada, de un lado por las hordas invasoras. Del otro por los progenitores y demás deudos y amigos del caos socialdemócrata, democratacristiano et chiripeado.
Nadie se pregunta, ni siquiera hoy, a la distancia, qué clase de golpe, de vacío o de entraña se da, con unos militares que habiendo rendido al Héroe del Museo Militar, no pueden tumbar a un chupatintas de Fedecamaras, mientras se restablece el control del país. O será que nunca lo tuvieron.
Por no hablar de más de ochenta generales, con Curso de Estado Mayor, encerrados en el mismo salón, sin saber qué hacer con un país. Su país. Un país al que le juraron fidelidad. Amor eterno. Una patria que puso en sus manos un sable para defenderla, con su vida, si era necesario.
Claro, en este momento no tenían un sable. Ahora tenían pistolas, fusiles, metralletas y granadas. Las mismas que por cierto ya habían utilizado varias veces contra el pueblo de Simón Bolívar. Y, tenían también a un reo. Desarmado y diezmado por la flojedad estomacal. Un reo que pálido y laxado los venció a todos en menos de cuarenta y ocho horas. Para desde entonces instaurar un régimen de horror, que algunos juran, vencerán en las urnas. Como si no hubiéramos cargado suficientes urnas antes y después del 11-A.
Y que conste que, por decir lo que digo, es que no me quieren de ninguno de los dos lados. También me siento orgulloso de ello. De saber que formo parte de la mayoría, que no estamos en ninguno de los dos lados. Que cuando esto cambie tomaremos el control y haremos un país donde deberán entrar en cintura los miembros de ambos lados. La próxima Venezuela será un país socialista, pero de verdad. Nada que ver con este feto del averno, que solo habita en el Chimborazo de un demente y sus chácharos. El mal llamado, proceso. Mal llamado porque su nombre completo es Proceso de Descomposición.
Los héroes prisioneros, los que deben permanecer fuera de su patria, los que tuvieron que irse a la clandestinidad, los arruinados, los marginados de toda índole y las familias de todos los mencionados, no quieren lo que tenemos. Pero, me juego la vida, a que desprecian con igual fuerza a esta suma de torpezas que llaman oposición. La misma que corona a una casta de milicianos, trajeados de militares. Traidora y cobarde, indigna de algún comentario siquiera. Los civiles y milicianos que deban pagar, pagarán. Pero los demás, nos vamos a reencontrar. Nos vamos a reconciliar. Y vamos a hacer, de una vez y para siempre, un país.
Hablo de un país, donde los comunistas que sienten asco por este régimen, los adecos que respetan la memoria de Betancourt, los copeyanos que desprecian la nefasta herencia de Caldera y los socialistas de izquierda que se asquean del acomodatismo de sus camaradas, en ambos polos, vendrán a construir la verdadera paz hija directa de la justicia social. Como lo pudo hacer España, lo haremos nosotros. De su mano. Con su guía. No con la compañía de los americanos. Una relación que nos mantuvo siempre durmiendo con el enemigo y de cuya protección no puedo ni reírme, por la tristeza que produce.
España, nuestra madre. La responsable de nosotros, por razones ancestrales. Claro que podemos. Pues, hay una historia común que data de siglos. Y, si nos ponemos a ver, nosotros también tuvimos ya, nuestro franquito tapa amarilla. O tapa roja que es el mejor nombre para lo chimbo, de ahora en más.
El motivo de esta catarsis es que, hasta nueva orden, pienso hacer una abstinencia de prensa, y de presencia. Hacer silencio y reencontrarme con mi esencia, con el artista, porque de lo contrario, podría morir de pena y de soledad.
Dicen que el proceso agoniza. Pues no será por el esfuerzo de los votantes y me perdonan. Se caerá de podrido que es lo peor.
Y entonces se preguntarán, ¿en manos de quien quedará el país…?
De los mismos, les respondo yo.
¿De los mismos de antes o de ahora…?
¿Importa? pregunto yo.
Si no actuamos ya “nosotros” volveremos a las mismas manos…
¡Si vale, yo sí creo!
Orlando Urdaneta.-